Un eclipse solar total no solo transforma el cielo durante unos minutos. La desaparición temporal de la luz directa del Sol también puede provocar cambios perceptibles en las condiciones meteorológicas de las regiones que atraviesa la sombra de la Luna. Durante el eclipse solar total de este miércoles, estos efectos podrán observarse a lo largo de una trayectoria que se extenderá desde el Ártico hasta algunas zonas de Europa occidental.
El fenómeno ocurre cuando la Luna se coloca entre el Sol y la Tierra y bloquea total o parcialmente la radiación solar que normalmente alcanza la superficie. Al disminuir de manera repentina la cantidad de energía que recibe el suelo, también cambia la cantidad de calor que se transfiere a la atmósfera. El resultado puede ser una reducción temporal de la temperatura y modificaciones en el comportamiento del viento, la nubosidad y la humedad.
La magnitud de estos efectos depende, sin embargo, de las condiciones meteorológicas que existan en cada lugar. No es lo mismo experimentar un eclipse durante una tarde soleada de verano que durante un periodo con abundante nubosidad o cuando el Sol ya se encuentra cerca del horizonte.
¿Cuánto puede bajar la temperatura durante un eclipse?
El descenso térmico es uno de los efectos más fáciles de percibir. Cuando la Luna bloquea una parte importante de la radiación solar, la superficie terrestre recibe menos energía y comienza a enfriarse.
Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), en determinadas condiciones las temperaturas pueden disminuir entre 8 y 14 grados Fahrenheit, equivalentes aproximadamente a entre 4.4 y 7.8 grados Celsius. Los descensos más importantes suelen producirse cuando el eclipse ocurre durante una tarde soleada de verano y el Sol se encuentra relativamente alto sobre el horizonte.
La razón es sencilla: cuanto más alto está el Sol, más intensa es la radiación que llega a la superficie y mayor es el calentamiento. Si esa fuente de energía desaparece de manera repentina durante el eclipse, el contraste puede ser más pronunciado.
Pero el descenso de temperatura no ocurre de manera instantánea ni necesariamente coincide con el momento exacto de máxima oscuridad. Existe un retraso entre la reducción de la radiación solar y la respuesta térmica de la superficie y de la atmósfera.
Durante el eclipse solar total de agosto de 2017 en Estados Unidos, por ejemplo, las temperaturas llegaron a su punto más bajo aproximadamente entre cinco y diez minutos después del momento de máxima oscuridad en el valle inferior del río Ohio.
Esto significa que el ambiente puede continuar enfriándose brevemente incluso cuando el eclipse ya alcanzó su máxima fase y comienza a terminar.
Las nubes pueden cambiar completamente el efecto
La cantidad de nubes presentes en el momento del eclipse es uno de los factores que determinarán cuánto se sentirá el descenso térmico.
Las nubes ya bloquean una parte de la radiación solar antes de que la Luna llegue a cubrir el Sol. Por eso, cuando el cielo está muy nublado, la diferencia de temperatura provocada directamente por el eclipse puede ser menor que en un lugar despejado.
Esta situación será especialmente importante en algunas zonas de la trayectoria del eclipse. En Islandia y Groenlandia, por ejemplo, el fenómeno ocurrirá durante la tarde, pero la cantidad de nubosidad podría limitar la magnitud del descenso de temperatura.
En Portugal y España, el eclipse total tendrá lugar poco antes del atardecer. Debido a que el Sol ya estará relativamente bajo, la radiación solar será menos intensa que durante las primeras horas de la tarde y, por lo tanto, el descenso térmico difícilmente alcanzará los niveles que podría registrar un eclipse ocurrido con el Sol mucho más alto.
Aun así, el hecho de que el fenómeno se produzca cerca de la puesta de Sol puede hacer que la temperatura disminuya con mayor rapidez de la habitual durante ese periodo, al combinarse el oscurecimiento provocado por el eclipse con el enfriamiento natural que ocurre al aproximarse la noche.
El viento también responde al oscurecimiento
El eclipse puede modificar algo más que los termómetros. La reducción repentina del calentamiento solar también afecta la dinámica de la atmósfera y puede provocar una disminución temporal de la velocidad del viento.
En condiciones normales, el calor procedente del Sol calienta la superficie terrestre. El aire próximo al suelo se calienta y asciende, generando movimientos que contribuyen a la formación de nubes, tormentas y diferentes patrones de viento.
Cuando la Luna bloquea la radiación solar, la superficie comienza a enfriarse y disminuye temporalmente la cantidad de calor disponible para impulsar estos movimientos. Como consecuencia, la atmósfera puede estabilizarse y los vientos pueden perder intensidad.
Durante el eclipse solar total de 2017, investigadores realizaron mediciones meteorológicas en Wyoming y Nueva York y observaron que la velocidad del viento disminuyó en promedio aproximadamente 9.6 kilómetros por hora como consecuencia del fenómeno.
No obstante, esto no significa que todos los lugares experimenten exactamente la misma reducción. Las características del terreno, la temperatura, la nubosidad y las condiciones atmosféricas previas influyen en la respuesta de cada región.
¿Puede desaparecer parte de la nubosidad?
La disminución del calentamiento también puede repercutir sobre las nubes.
Las nubes necesitan determinadas condiciones atmosféricas para formarse y mantenerse. El calentamiento de la superficie favorece que el aire ascienda, y ese movimiento puede contribuir a la formación de nubes.
Durante el eclipse solar total de 2024, algunas zonas del norte de Texas registraron una disminución de la nubosidad. La explicación propuesta es que, al reducirse temporalmente la radiación solar, las nubes perdieron parte de la energía térmica que contribuía a mantener los movimientos ascendentes del aire.
Este comportamiento demuestra que el eclipse no actúa simplemente como un interruptor que apaga la luz. Durante unos minutos, modifica el balance energético de la atmósfera y puede desencadenar respuestas meteorológicas que continúan incluso después de que la Luna haya dejado de ocultar completamente al Sol.
La humedad también puede sentirse diferente
Otro cambio posible está relacionado con la humedad. La sensación de humedad que experimentamos depende, entre otros factores, de la relación entre la temperatura del aire y el punto de rocío, que indica la cantidad de humedad presente en la atmósfera.
Cuando la temperatura del aire disminuye durante el eclipse y se aproxima al punto de rocío, el ambiente puede sentirse temporalmente más húmedo.
Por ello, una persona que se encuentre dentro de la zona afectada podría experimentar una combinación particular: menos luz, una caída de la temperatura, una disminución del viento y una sensación de mayor humedad, aunque la intensidad de cada uno de estos cambios dependerá de las condiciones locales.
En conjunto, estas modificaciones son una consecuencia directa de la reducción temporal de la energía solar que llega a la superficie terrestre. El eclipse dura poco tiempo, pero el sistema atmosférico necesita un periodo para responder al cambio y recuperar su equilibrio.
El próximo eclipse solar total será en 2027
Después del fenómeno de este miércoles, habrá que esperar aproximadamente un año para volver a presenciar un eclipse solar total de gran magnitud. El siguiente está previsto para el 2 de agosto de 2027 y su trayectoria de totalidad atravesará partes del sur de España, el norte de África, Arabia Saudita y Yemen.
En Estados Unidos, la próxima oportunidad de observar un eclipse solar total llegará el 30 de marzo de 2033, cuando el fenómeno sea visible en Alaska.
Los eclipses solares son, por tanto, mucho más que espectáculos astronómicos. Durante unos minutos, la sombra de la Luna altera la cantidad de energía que recibe la superficie terrestre y provoca una respuesta en cadena que puede modificar temporalmente la temperatura, el viento, las nubes y la humedad. La intensidad de esos cambios dependerá de dónde se encuentre cada observador y, sobre todo, de las condiciones meteorológicas que acompañen al paso de la sombra.

