Durante años, el yogur helado ha sido promocionado como una alternativa más saludable al helado tradicional. Su menor contenido de grasa y su asociación con el yogur llevan a muchas personas a pensar que es una opción más nutritiva. Sin embargo, especialistas en nutrición advierten que la realidad es más compleja y que elegir uno u otro no depende únicamente de las calorías.
De acuerdo con expertos consultados por The New York Times, el yogur helado suele contener menos grasa saturada y menos calorías que el helado convencional, pero eso no significa que sea automáticamente un alimento saludable. En muchos casos, incluso puede contener una mayor cantidad de azúcares añadidos para compensar el sabor ácido del yogur utilizado en su elaboración.
La principal preocupación de los especialistas no está únicamente en la grasa, sino en el elevado contenido de azúcar presente en ambos productos.
La Asociación Americana del Corazón (AHA) recuerda que reducir el consumo de azúcares añadidos y grasas saturadas es una de las medidas más importantes para disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. La organización recomienda que las mujeres consuman menos de 25 gramos de azúcar añadido al día y los hombres menos de 36 gramos, límites que una sola porción abundante de helado o yogur helado puede acercarse o incluso superar.
Además, la Escuela de Salud Pública de Harvard ha señalado que una dieta rica en azúcares simples procedentes de alimentos ultraprocesados puede favorecer la resistencia a la insulina, aumentar el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 y contribuir al sobrepeso.
Por ello, los especialistas coinciden en que ninguno de estos postres debe considerarse un alimento saludable por sí mismo, aunque ambos pueden formar parte de una alimentación equilibrada cuando se consumen de manera ocasional y en porciones moderadas.
¿En qué se diferencian?
El helado tradicional está regulado en Estados Unidos y debe contener al menos un 10% de grasa láctea, además de elaborarse con ingredientes lácteos pasteurizados.
El yogur helado, en cambio, no está sujeto a normas tan estrictas, por lo que su composición puede variar considerablemente entre una marca y otra.
Scott Rankin, profesor de Ciencia de los Alimentos de la Universidad de Wisconsin-Madison, explica que normalmente el yogur helado contiene entre 3% y 4% de grasa, e incluso menos en las versiones bajas en grasa o descremadas. Su elaboración incluye yogur o leche fermentada, azúcar y saborizantes, aunque las proporciones cambian según cada fabricante.
Chris Loss, especialista en Ciencia de los Alimentos de la Universidad de Cornell, señala que el proceso de fermentación genera ácido láctico, responsable del sabor ligeramente ácido característico del yogur helado.
Menos grasa, pero no necesariamente menos azúcar
Las comparaciones nutricionales muestran que el yogur helado suele aportar menos grasas saturadas que el helado tradicional, una característica positiva para la salud cardiovascular.
Sin embargo, algunos fabricantes incrementan la cantidad de azúcar para equilibrar el sabor ácido de la fermentación, por lo que el beneficio calórico puede reducirse considerablemente.
Además, tanto el helado como el yogur helado suelen contener cantidades importantes de azúcares añadidos, cuyo consumo excesivo se ha relacionado con obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y otros problemas metabólicos.
¿Y los probióticos?
Una de las principales razones por las que muchas personas consideran más saludable al yogur helado es la presencia de cultivos vivos o probióticos.
Sin embargo, la evidencia científica todavía es limitada.
Maria Marco, profesora de Ciencia de los Alimentos de la Universidad de California en Davis, explica que algunos estudios sugieren que los microorganismos presentes en ciertos productos fermentados pueden favorecer la salud intestinal y contribuir a disminuir molestias digestivas como gases, estreñimiento o dolor abdominal.
No obstante, todavía no está claro si esos beneficios también se mantienen en el yogur helado, ya que el proceso de fabricación, congelación y almacenamiento puede reducir la cantidad de microorganismos vivos presentes en el producto final.
Además, como la composición del yogur helado no está regulada de forma uniforme, resulta difícil saber cuántos cultivos activos contiene realmente cada marca.
Los toppings pueden cambiarlo todo
Los expertos coinciden en que la diferencia entre ambos postres puede desaparecer rápidamente cuando se agregan ingredientes adicionales.
Pedazos de brownie, galletas, chocolates, jarabes, caramelos o crema batida pueden incrementar de forma importante las calorías, el azúcar y las grasas, anulando cualquier ventaja nutricional que pudiera ofrecer el yogur helado por sí solo.
Por ello, al elegir un postre conviene prestar atención no solo al producto principal, sino también a las porciones y a los acompañamientos.
¿Cuál conviene elegir?
Los especialistas consideran que ninguno de los dos debe verse como un alimento «saludable», sino como un gusto ocasional.
Si el objetivo es obtener los beneficios nutricionales del yogur, la mejor alternativa sigue siendo el yogur natural sin azúcar, que aporta proteínas, calcio y probióticos sin las grandes cantidades de azúcar presentes en muchas versiones congeladas.
En cambio, si la intención es disfrutar de un postre, tanto el helado como el yogur helado pueden formar parte de una dieta equilibrada siempre que se consuman con moderación y sin exceder las porciones recomendadas.
Al final, más que elegir entre uno u otro, los expertos consideran que lo verdaderamente importante es revisar la etiqueta nutricional, controlar el tamaño de la porción y evitar los excesos de azúcar añadida, ya que esos factores tienen un mayor impacto en la salud que el nombre del postre.

